Hace unos días me topé por casualidad con un artículo de Francis Hunger de 2023, Unhype Artificial ‘Intelligence’! A proposal to replace the deceiving terminology of AI. Probablemente el mero hecho de que aparezca en el título la palabra “terminología” (que, por cierto, está mal usada en este caso, luego hablo sobre eso), ha hecho que apareciese en mi pantalla a causa de algún oscuro algoritmo. Una feliz coincidencia, el artículo me ha aportado mucho y además es muy divertido leerlo.
El autor propone una especie de diccionario argumentado para traducir el lenguaje inflado y antropomórfico que se usa para hablar de inteligencia artificial a un lenguaje más objetivo y realista. Por ejemplo, propone hablar de reconocimiento automático de patrones en vez de inteligencia artificial. También propone usar “ponderado” en vez de neuronal (grafos ponderados en vez de redes neuronales) y “condicionamiento” en vez de aprendizaje (machine learning y deep learning serían entonces machine conditioning y deep conditioning). Independientemente de lo acertado de estas propuestas concretas, lo importante es que se plantea una serie de ejercicios que desnudan al rey y ponen al elefante en la habitación bajo el foco. Por ejemplo, cita una frase de un periodista, Hayne, escrita en 2019: “The most impressive cases are where AI is pushing us up as humans into the new” y propone convertirlo en “The most impressive cases are those in which humans are pushing us into the new, using automated pattern recognition or statistics” para abandonar el lenguaje de vendedor de crecepelos que se permiten usar los tecnobros. O reformular el manido “¿Puede hacer arte la IA?” con “¿Puede hacer arte la estadística?” Aquí, las variaciones son infinitas.
El tema de la IA da para largo, no cabe duda. Pero: ¿y si lo ampliamos a otros atropellos tecnológicos recientes? Por ejemplo, la nube. Eso que se hace llamar nube no son más que servidores subalquilados, que además pueden estar en cualquier parte del mundo, con los riesgos que ello entraña, por ejemplo, a nivel legislativo. Una frase como “¿Qué es el almacenamiento en la nube?”, típica en marketing para dar paso a alabanzas al negocio de alquilar parcelas de memoria en servidores compartidos con innumerables particulares y empresas, se podría convertir en “¿Qué es el almacenamiento en servidores subalquilados?”. Obviamente, se pierde mucho glamour.
Pues bien, volviendo a algo que apunto más arriba: en este caso, no se trata, a todas luces, de un problema de terminología. Porque, entre otras cosas, es ese uso tendencioso de ciertas palabras lo que hace posible que ciertos procesos informáticos adquieran unas dimensiones, propiedades y sentido que de otra forma no tendrían. Un problema terminológico es, al fin y al cabo, un error que se ha cometido y que es susceptible de corrección a nivel textual. En principio, los errores terminológicos los cometen expertos por falta de recursos terminológicos, desconocimiento de los recursos existentes o por otras razones análogas. Pero aquí no se está hablando de un un problema terminológico, sino de una estafa metáfora.
